Primero de Fariña: el vino nuevo también tiene su historia

Con el vino tenemos una pequeña obsesión por la edad. Los años en barrica, los años en botella, la añada que alguien guarda para una ocasión especial que, por lo visto, nunca termina de ser suficientemente especial. Y luego llega noviembre, aparece Primero de Fariña y nos recuerda que también se puede abrir una botella sin esperar a que tenga más currículum que nosotros.

El jueves 19 de noviembre llega la nueva añada. Ese día abriremos unas botellas en Madrid & Darracott para que podáis probarlo gratis, durante el horario de apertura. Pero antes quería contaros por qué este vino merece un poco de atención. Porque detrás del nombre, de la etiqueta y de esa aparente prisa por llegar hay bastante más historia de la que parece.

Empecemos por Fariña. La familia comenzó a elaborar vino en 1942, en Casaseca de las Chanas, en Zamora. Años después, Manuel Fariña se incorporó a la bodega y se empeñó en demostrar que los vinos de Toro podían conservar su carácter y, al mismo tiempo, ganar frescura y equilibrio. Adelantar la vendimia y controlar la temperatura de fermentación fueron parte de ese cambio. Hoy parecen decisiones bastante normales; entonces ayudaron a mover las cosas. Manuel fue además uno de los impulsores de la D.O. Toro y el primer presidente de su Consejo Regulador, en 1987.

Así que cuando hablamos de una bodega importante, estaría bien poder explicar importante por qué. En este caso se puede.

Fariña sigue siendo una bodega familiar, con tres generaciones vinculadas al proyecto. Y ha viajado bastante: según comunicó la propia casa en 2025, exporta a más de 40 países. Ese mismo año, más de 1.800 establecimientos españoles participaron en la Fiesta del Primero. Son cifras de la edición anterior, no una predicción nuestra sobre esta. Ya tenemos bastante trabajo eligiendo vinos como para ponernos a adivinar estadísticas.

Primero nació en 1995 por encargo de un cliente holandés que pidió a Manuel un vino inspirado en el joven beaujolais francés. De ahí salió la idea de elaborar por maceración carbónica un vino que pudiera presentarse muy pronto después de la vendimia. Lo interesante es que la inspiración francesa dio lugar a un vino con personalidad propia, de Toro.

Lo de «carbónica» suena más complicado de lo que es

Aunque reconozco que el nombre tampoco ayuda. Dices «maceración carbónica» y parece que vayamos a hablar de una avería de la caldera.

En realidad, la idea es esta: en un ambiente rico en dióxido de carbono y con muy poco oxígeno, las uvas que permanecen intactas empiezan una transformación dentro de la propia baya. Después, el mosto completa su fermentación alcohólica con las levaduras. Es decir, hay una parte del proceso que comienza dentro de la uva; no significa que toda la elaboración ocurra ahí dentro, sin más intervención.

En Beaujolais es muy habitual la maceración semicarbónica: las uvas que se rompen en el fondo del depósito liberan mosto, ese mosto empieza a fermentar y genera el gas que favorece el proceso en las bayas intactas de arriba. Luego se prensa y la fermentación continúa. La duración y la manera de trabajar cambian según el vino que se quiera hacer.

Dos detalles, que aquí se mezclan conceptos con bastante alegría: «uva entera» no significa necesariamente «racimo entero», y maceración carbónica no quiere decir que el vino sea espumoso.

¿Y todo esto para qué? En los vinos jóvenes de este estilo buscamos mucha expresión de fruta, frescura y una textura agradable. Son una forma estupenda de acercarse a una cosecha sin que la crianza en madera ocupe la conversación. No por eso son todos iguales, ni todos ligeros, ni todos tienen que oler a plátano. Si una descripción sirve exactamente igual para veinte vinos distintos, a lo mejor necesitamos volver a probarlos.

También conviene distinguir Beaujolais del Beaujolais Nouveau. Beaujolais es una región francesa, al norte de Lyon, muy asociada a la gamay. El nouveau es su vino nuevo, elaborado bajo las denominaciones Beaujolais y Beaujolais Villages, pero no es todo lo que se hace allí. Hay vinos de la región con estructura y capacidad de evolucionar durante años. Juzgar todo Beaujolais por el vino de noviembre sería bastante injusto. Y nos perderíamos unas cuantas botellas muy buenas.

Vale, pero ¿por qué el tercer jueves de noviembre?

Porque el vino nuevo acabó teniendo su propia cita en el calendario. La celebración moderna del Beaujolais Nouveau creció desde los años cincuenta y, en 1985, se fijó su salida para el tercer jueves de noviembre. La llegada de la cosecha se convirtió en una fiesta internacional. Hay tradición, sí. Y también una idea de marketing bastante bien resuelta. A los franceses, cuando hacen bien estas cosas, habrá que reconocérselo. Aunque nos cueste un poco.

Fariña comparte esa fecha de lanzamiento para Primero. Este año cae el 19 de noviembre. Eso no quiere decir que una norma francesa obligue a un vino de Toro a salir ese día: es la cita que ha elegido la bodega para su vino nuevo.

Noviembre tiene sentido porque venimos de la vendimia y estos vinos se elaboran para mostrar pronto esa fruta, sin pasar por una larga crianza. Son una de las primeras maneras de descubrir lo que ha dado el año. Me gusta esa idea: prestar atención a lo que acaba de llegar, en vez de hablar siempre de lo que lleva décadas guardado.

Y luego está la mesa, que al final nos interesa bastante. Yo lo pondría con embutidos, tortilla de patatas, croquetas, pollo asado o unas setas salteadas. También con una hamburguesa. Platos con sabor, sin necesidad de montar una cena de siete pases para abrir una botella. Son propuestas para empezar a probar; el maridaje admite bastante más conversación que un «esto solo va con carne».

Probadlo ligeramente fresco. Para un tinto joven de este estilo, empezaría alrededor de 14–16 °C y ajustaría en la copa. Lo de servir el vino a temperatura ambiente está muy bien hasta que el ambiente es una cocina con el horno encendido desde las once.

Y disfrutadlo joven. No lo compraría con la intención de olvidarlo diez años en un armario, pero tampoco hay que interpretar la fecha de lanzamiento como si fuese una fecha de caducidad. Queremos encontrar fruta y frescura; la conservación cuenta, y la botella concreta también.

La etiqueta, por cierto, cambia cada año. Desde 2006 lleva la obra ganadora del Concurso Nacional de Pintura Primero de Fariña, y en 2026 le toca a «Alegría», de Yulia Bazhenova. Hay quien guarda las botellas por eso. Me parece estupendo. Mi recomendación sería probar primero lo que llevan dentro.

El jueves 19 de noviembre de 2026 abriremos botellas de Primero de Fariña en la tienda para que lo probéis gratis, durante el horario de apertura.

Estamos en Calle del Conde de Romanones, 2. Pasaos, lo degustamos y nos contáis qué os parece. Para eso sí que no hace falta esperar a que envejezca.

Roque
Madrid & Darracott

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Roque Madrid

Soy Roque, de Madrid & Darracott. Escribo sobre vinos, sobre quienes los hacen y sobre lo que pasa cuando los compartimos. Lo del sotobosque lo dejamos para cuando haga falta.

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